Independiente es puntero porque tiene una idea clara, un técnico pillo y jugadores que le responden. River desnudó una vez más su alarmante falta de jerarquía.
Independiente es puntero porque una victoria llama a otra victoria, porque en el fútbol argentino te alcanza con ganar tres partidos seguidos (y más todavía si son en una semana), porque tiene un plan definido, porque su técnico entiende de exprimir jugadores y ponerlos donde más rinden, porque esos jugadores que le dan forma a la columna vertebral aparecieron cuando el equipo los necesitó y porque ya se hizo un verdadero experto en clásicos.
River es lo que es. Varias voluntades desparejas con llagas al rojo vivo por la falta de jerarquía. Es público y notorio que falla en las dos áreas y ahí está la contundente explicación para entender cómo perdió el primer tiempo después de jugar los mejores 45 minutos en la era Astrada. Y ahí también surge el primer error concreto del Passarella presidente: se equivocó en no traer un zaguero y un 9 más. O en no traer un zaguero y un 9 que tuvieran más calidad que ganas.
Es un gran triunfo de Independiente porque sacó agua de las piedras en un inicio que pareció la continuidad del partido con Tigre. Fue previsible y monótono. Lo bancó Gabbarini, como todo arquero debe bancar a un aspirante al título en momentos complicados. Lo sostuvo Galeano, otro jovencito que defiende a lo grande. Los contuvo el cerebro Acevedo, un Gallego para raspar y un Xavi para asistir a Gandín en ese gol de la nada, ese 1-0 que dio vuelta el partido. Lo salvó, por encima de todo, una estructura e idea ya definidas.
Es una vuelta de tuerca más en esa montaña rusa en la que está metido River. Astrada acertó con el planteo, maniató a Independiente y su equipo se sintió a sus anchas en la cancha. Claro que en una cancha imaginaria que no contempla los arcos. O los contempla para mirarse en el espejo y ponerse a llorar. Quedó enganchado Juan Manuel Díaz, no cubrieron bien la zona Ferrero y Sánchez y un gol abajo. No la metieron Abelairas, Canales y Funes Mori. Padeció un secuencial despilfarro del últmo pase. Astrada prueba y cambia, y esa montaña hoy es rusa y mañana puede ser iraquí.
De compromisos también se hacen los que quieren ser campeones. Silvera fue ayer la bandera del compromiso de Independiente. Levantó a la gente con su gol tanto como con esa corrida para tirarse al piso y extirparle una pelota a Ferrari. La contracara fue Mauro Díaz: el talentoso chiquitín tenía una gran chance, pero la dejó escapar como se te escapa el agua de las manos. Y lo peor es que jamás se rebeló ante la adversidad.
De punta en rojo está el Clausura por un Independiente serio, con confianza, que tiene un técnico pillo y varios jugadores con el objetivo de ser campeones.
River está en otra. Y para no manchar aún más su rica historia, debe entender que ya está peleando para evitar ese descenso tan temido.
Fuente www.ole.com.ar
lunes, 8 de marzo de 2010
Etiquetas: Fútbol (Primera)
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