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martes, 29 de diciembre de 2009

"Nada garantiza que esto no vuelva a pasar"

Bilardo le hizo caso a Grondona y no le pegó a Mancuso, como había amenzado. La tregua ya está, pero ni el Narigón sabe cuánto durará...

Si la máxima bilardiana insiste con eso de que lo único importante es el resultado, ayer Carlos Bilardo perdió. Y por goleada. Porque su promesa-amenaza de responderle con dureza en su programa de radio a Alejandro Mancuso, el ayudante de campo y mano derecha de Maradona, se desvaneció como un helado al sol. Y para que ello ocurriera hubo una intervención fundamental en toda esta polémica: la de Julio Grondona...

El presidente de la AFA, quien hasta el momento había mantenido su silencio de radio, ordenó una reunión en el complejo de Ezeiza entre todas las partes. Ahí, delante del Jefe, estuvieron Diego, Bilardo, Mancuso, Héctor Enrique, el PF Signorini, el Checho Batista, el Tata Brown, Oscar Garré, Olarticoechea y Luis Segura. "Hablamos como una hora y media. Habló Julio, nosotros respondimos... A los que vi muy bien, muy bien, fue a dos personas: Grondona y Maradona", intentó relatar el Doctor en el arranque de su programa en La Red. Antes, en la vereda, sobre la calle Fitz Roy, el manager, algo desalineado, apurado, recién bajado de un taxi, enfrentó a la guardia periodística y dijo: "Nos plantemos las diferencias con Mancuso y nos dijimos todo. Así que los jugadores se pueden quedar tranquilos porque está todo aclarado". Lo que no contó Bilardo, ni antes ni después, fue lo que realmente pasó en Ezeiza: allí, el Jefe fue más Jefe que nunca y retó con severidad a todos los que componen la gran familia de la Selección mayor. Grondona, además de recalcarles lo que hicieron mal para llegar a este conflicto, les pidió/exigió que hablaran y se dejaran de "hinchar las pelotas". Dicho y hecho, una vez que Don Julio se retiró junto con Luis Segura, el presidente de Argentinos, quedaron cara a cara Diego, Bilardo y Mancuso. "Hablamos 45 minutos o una hora, no me acuerdo", insistió el Doc en sus micrófonos. "Con Diego me voy a seguir peleando, como pasa desde que estamos juntos, allá por el 83. Lo que pasa es que a Mancuso lo conozco desde hace un año", intentó justificar. A esa altura, el papelón que intentó tapar el otro papelón, el de la semana pasada, era un hecho.

"Ya está todo aclarado. Pero lo que hablamos queda entre nosotros, como siempre hice a lo largo de mi carrera", se contradijo Bilardo, ya que él mismo había prometido ventilar por radio cosas de Mancuso, enojado por las declaraciones de Mancu y el Negro Enrique en Clarín, en donde marcaron las diferencias que había con él. "Si se repite el mismo hecho no será una equivocación. ¿Si algo garantiza que esto no vuelva a ocurrir? No, la verdad que nada garantiza nada", pareció sincerarse por primera vez en su accidentada noche en la puerta de la radio. Al pasar, como un gesto, asumió el error de haber permitido que un catalán fuera el árbitro del amistoso contra Catalunya, algo que fue criticado por lo bajo por Diego.

Lejos de los micrófonos, los propios y los ajenos, Bilardo trató de explicarle a su entorno el porqué de su declinación. "No puedo pasar por encima de Grondona", confió, verticalista. Durante el día, previo a la cumbre de Ezeiza, el manager había dicho que no pensaba irse de la Selección. Y ése, en un punto, es el mayor interrogante: ¿por qué se queda si ya sabe que Diego y Mancuso no lo quieren? Su imagen, después de todo esto, quedó aún más debilitada. Había anunciado que iba a dedicarle toda la hora de su programa a contar sus verdades sobre Mancuso y sólo utilizó 22 minutos para tratar de explicar lo inexplicable. Para Grondona y su séquito, el de Bilardo es un gesto de lealtad a la Selección. Lo que nadie puede garantizar, ya lo dijo el propio Narigón, es que el cabaret no vuelva a abrir sus puertas ante el primer chispazo. El pacto de Ezeiza se formalizó. ¿Durará?

Fuente www.ole.com.ar

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